Filipinas / Philippines

Este artículo, está extraído de uno de los reportajes que realicé para varias revistas, durante un viaje a las islas Filipinas, acompañando a un grupo de médicos, en labor humanitaria.

Sobrevolando las islas Filipinas

Mabuhay....”Bienvenidos a la perla de Oriente, sumerjase en las delicias del Paraíso”, reza en la sugerente y empalagosa prosa de los folletos turísticos de las Islas Filipinas, llamadas así en honor al rey Felipe II, en el año 1564, cuando los españoles declararon el territorio, dominio de la corona.
El archipiélago Filipino, lo componen 7.107 islas de origen volcánico con una climatología de origen tropical, las lluvias y los monzones son una constante común, lo que contribuye al desarrollo de espesas selvas que cubren las cadenas montañosas de las islas.
Limitadas por los mares de China, Célebes y por el Océano Pacífico, las numerosas islas han sido un lugar de transito continuo y han servido de crisol para la fusión de las diversas culturas y costumbres de los diferentes pueblos y razas que allí, se han establecido en las diferentes épocas de la Historia del archipiélago, chinos, españoles, musulmanes, americanos y japoneses, que en combinación con los autóctonos de color y otros de origen mongoloide y malayo, han contribuido sobremanera a esta mezcla cultural y lingüística.
El archipiélago es esencialmente agrícola y su situación económica es de gran precariedad, ya que las riquezas y propiedades, están en manos de unas pocas familias privilegiadas y la mayoría de la población campesina, esta sumida en un sistema económico de subsistencia.


Campos de arroz en la isla de Carabao
Manila, fundada en 1571, por el navegante y conquistador español, Miguel López de Legazpi, es hoy una gran urbe con casi 2.000.000 de habitantes, la actividad de esta metrópolis, se mantiene con efervescente ánimo, durante las casi 24 horas del día, a la par que nuevos y mastodónticos edificios, se alzan sobre la ciudad, mostrando sus desnudos armazones de hierro y cemento, sobre los que actúan, cientos de obreros que laboran día y noche sin descanso, en las alturas. Al igual que en la mayoría de las grandes ciudades del mundo que he visitado, Manila, sirve de cobijo a esa siempre creciente inmigración rural, que deslumbrados y atraídos por las fulgurantes luces de neón, llegan a la “City”, pasando a engrosar, la mayoría de las veces, las ya nutridas filas de un subproletariado, sin oficio ni beneficio, que sobrevive en los tristes cinturones de miseria y marginación, surgidos alrededor de estos gigantes de hormigón y cristal.

Niños jugando en las calles de la ciudad
Nuestra estancia en la capital, es corta, el objetivo se centra en esta ocasión, en las pequeñas islas del sur. De esta manera, después de donar parte de nuestros medicamentos en un centro humanitario local, abandonamos la isla de Luzón, para dirigirnos en vuelo domestico hasta la vecina isla de Panay, Kalibo, es nuestro punto de destino, llegados allí, comenzaría de nuevo el ya familiar trasiego de cajas y equipajes.

Bankas y Jeepneys, dos singulares transportes de Filipinas

Nos trasladamos a través de pistas y carreteras a bordo de uno de los peculiares jeepneys que hacen las veces de autobuses locales, hasta el pequeño puerto de Katiklan, donde alquilamos una “Banka”, para dirigirnos a la minúscula isla de Boracay, donde estableceríamos el campamento base. (Banka, es la denominación aborigen que se le da a las peculiares embarcaciones de tipo triarán, con las que los nativos, realizan las rutas de pesca y transporte de mercancías y pasajeros, entre islas)

Banka esperando en la playa a los pasajeros y mercancías
Nada más llegar, José Miguel el mayor de los médicos, Nenito el guía, Pancho un “Olímpico “ de navegación a vela (tan practicada en nuestras islas Canarias) y el que ahora les narra Salvador, fotógrafo de la expedición, nos embarcamos en una de las Bankas ya mencionadas y que tan familiares habían de hacerse para nosotros, en una primera visita, al poblado de Santa Fé, con la intención de preparar el terreno para la instalación de nuestra primera clínica..
Anochecía y todavía estábamos embotados por la enorme distancia geográfica que acabábamos de cubrir en los pocos días anteriores, pero la sensación de navegar, ahora a la luz de la luna, con las olas chapoteando enérgicamente contra los costados de la rústica embarcación, se nos antojaba todo un poema épico, sin importarnos demasiado que la brisa marina y la excesiva velocidad con que el piloto de la Banka, arremetía contra las olas, hiciera que el agua salobre, nos cubriera por completo, humedeciendo nuestros rostros y equipos. 

Con un grupo de nativos en la isla de Carabao
Tras dos horas de navegación, llegamos a un pequeño e improvisado embarcadero en las playas de Santa Fé, donde desembarcamos en medio de la más absoluta oscuridad. La marea era propicia y la embarcación nos dejo prácticamente en la orilla, por este motivo, las Bankas no poseen quilla, para poder varar sin grandes dificultades en las arenosas costas.Explicamos nuestras intenciones a un grupo de lugareños, que deciden acompañarnos, al tiempo que nos ofrecen la hospitalidad de sus propios hogares, mientras esperamos que avisen al Mayor (Alcalde) de la localidad. Pronto un vetusto Jeepny, acude a recogernos y nos traslada a través de las oscuras pistas, hasta la finca de la máxima autoridad local.Un hombre joven y afable, nos da la bienvenida y nos atiende en la terraza de su modesta casa. El dialogo se establece rápidamente y se acuerdan todos los pormenores necesarios para dar comienzo a nuestra labor sanitaria de los próximos días; por fin, nos despedimos, no sin antes recalcar nuestra clara intención, de que a la cita de la mañana siguiente, solo acudieran los miembros de las familias más necesitadas, así como las personas realmente enfermas. Aclaradas estas importantes premisas, retornamos a la embarcación que nos llevaría nuevamente a Boracay.-Mañana comenzamos con la instalación de clínicas en el Pueblo de Santa Fé, el medico local hace ya tres meses que falleció, sin que ningún otro lo haya sustituido todavía el Centro de Salud, está atendido solo por una joven médico dentista, que hace todo lo que esta en sus manos, con los pocos medios de que dispone.