Naila Fort / Jaipur 3

Mientras descendiamos de la montaña que albergaba la "morada de los señores" los otros componentes del grupo de visita, unos hindues que viven fuera de la India, concretamente en Canarias unos y en Estados Unidos otros, se deshacian en elogios ante tanto lujo y maravilla e incluso ya tenían en mente como aplicar algunas de las ideas decorativas que tanta impresión les había causado, en sus propios hogares, en cuanto regresaran... claro que tendrían que adaptarse a sus evidentemente más modestas posibilidades.

... De nuevo en Naila con sus calles de tierra, sus vacas y las ruidosas motocicletas que entran y salen de sus murallas. Mi cámara y yo, casi que nos alegramos de poder volver a comunicarnos con estos seres que viven su sencilla vida, al pié de la elevada montaña.

... De vuelta a los minusculos comercios de supervivencia, donde sus propietarios esperan impasibles, hora tras hora y día tras día, a que algún conciudadano adquiera cualquiera de sus humildes productos y así poder seguir sobreviviendo un mes tras otro mes y un año tras otro año.


... De vuelta a las reuniones de ancianos de cansados ojos, que muestran en la piel los inevitables surcos producidos por los muchos años de trabajo en el árido campo, arrancado con sus huesudas manos los escasos productos que la tierra les brinda, bajo el Sol y la lluvía.


... y las mujeres, esas abnegadas mujeres "rajastanis" que esconden bajo los coloridos velos, toda una vida de esposas y madres sacrificadas... una vida de hacedoras de "milagros" en cada uno de los días de su vida, tan necesarios para poder llevar a buen término la unidad y sustento de la familia.


... Pero a pesar de todo esto, las gentes del poblado de Naila, como la mayoría de las gentes humildes y trabajadoras de todos los pueblos del mundo, siempre encuentran un motivo y un lugar, para darle las gracias a los Dioses, por los alimentos y por aquellas sencillas cosas que les alegran la dura realidad que les han tocado vivir.