Travesía en moto / Borakay

Estaba en Filipinas como fotógrafo de un grupo de médicos que realizaban labor humanitaria y me había tomado el día libre para recorrer en moto, la pequeña isla de Borakay, era todo un placer circular por unas pistas exentas de coches, no están permitidos este tipo de vehículos en la isla, salvo policía y bomberos.
La vegetación, los pequeños poblados, las blancas y cristalinas playas flanqueadas de esbeltas palmeras... una paradita aquí otra allá, un kiosco en una solitaria cala, con cerveza fría y bonitas vistas. La sensación de libertad era de lo más reconfortante, el viento y la "sonrisa" en el rostro...magnífico sin duda.
Cuando ya comienza a caer la tarde, emprendo el camino de regreso al campamento, pero de nuevo los repentinos cambios meteorológicos de estas zonas tropicales, me juegan una pasada. La lluvia se va incrementado por momentos, ya estoy totalmente empapado y las pistas comienzan a convertirse en peligrosos barrizales, mientras avanza la noche.
De pronto la moto se cala, intento ponerla en marcha con el pedal de arranque una y otra vez, pero sin éxito.
Solo me queda una solución, arrastrar la moto entre los cada vez mayores barrizales del camino, (parece que he acabado en una zona de obras de carretera ó algo así) bajo la única luz de la luna, empapado y azotado por la lluvia, avanzo y avanzo pero parece que nunca voy a llegar a ningún sitio, estoy perdido en la mitad de la pequeña isla de Boracay.
Llega un momento en que ya nada importa, puede seguir lloviendo todo lo que quiera, me puedo cubrir de barro hasta las cejas, ya he cruzado la barrera de la "pre-ocupación", ahora solo debo concentrarme y "ocuparme" de salir de esta situación, tampoco es la primera vez que me ocurre algo similar, así que adelante siempre adelante.
Por fin después de mucho caminar arrastrando la moto a través del lodazal, distingo en la lejanía una pequeña caseta iluminada y hasta allí dirijo mis pasos. El lugar resultó ser un bar, lleno de pequeños filipinos que bebían y vociferaban (al parecer eran los obreros de lo que allí estuvieran construyendo) y que al percatarse de mi llegada, salieron a ver que le pasaba al extraño y mojado español, rodeandome a mi y a la moto, pero cuando ya hacían ademán de intentar "ayudarme" y comenzaban a acercar sus manos a las partes externas del motor de la máquina...justo en ese momento, les metí un espantón, ¡Shhh! quietos...esto lo hago yo solo, gracias (en realidad prefería que no se pusieran todos a tocar y a quitar piezas a diestro y siniestro, nunca se sabe que puede pasar, cuando la ayuda proviene de un grupo de personas que llevan cierto tiempo empapándose en alcohol)
Así que me aposté bajo la luz que proyectaba la lampara externa del local y con mucha paciencia comencé a sacar las bujías y otras piezas del arranque de la moto, las sequé una por una...y al final tras algunos intentos la moto volvió a ronronear, ya la tormenta también había amainado, llegó la hora de volver a "casa", me despedí amablemente de aquella gente que correspondían a mi saludo, con risas y agitar de manos...de esta manera, emprendí de nuevo mi camino de regreso.