Postales de Mallorca

Un nuevo trabajo editorial, me ha brindado la oportunidad y la excusa de viajar hasta la isla de Mallorca, la mayor del archipiélago Balear. Esta es la segunda vez que me acerco a esta encantadora isla y aunque en la primera ocasión solo tuve tiempo de callejear por su capital,  la ciudad de Palma de Mallorca, durante una muy breve estancia. La buena impresión que me causaron sus luminosos parajes y rincones, me hizo prometerme que no sería esta la única vez que visitaría esta atractiva isla mediterránea.

Llegué a la isla con mucha ilusión, ya que en esta ocasión podría adentrarme con algo más de detenimiento en las historias y los paisajes de cada rincón y pueblo de la isla, pero a medida que iba recorriendo los parajes isleños por entre los románticos caminos rurales y me asomaba a las numerosas calas de cristalinas aguas que se recortan y extienden a través de la costa mallorquina... me iba concienciando de que para sentir Mallorca, no basta con unas pocas visitas, tal vez por estas razones han sido y son muchos los personajes que eligieron esta isla como residencia de verano.
La isla de Mallorca, ofrece un nuevo espectáculo paisajístico en cada uno de sus más recónditos lugares, con una geografía costera repleta de apacibles playas y de un sinfín de calas que a manera de puertos naturales se adentran tierra adentro para que los pinos mediterráneos puedan asomarse sobre las transparentes aguas.


Aunque programo con antelación todos mis viajes y los sitios que voy a visitar, siempre me gusta dejar algunos pequeños detalles en manos de la aventura y de la improvisación, así que una vez llegado al aeropuerto de Palma y evitando los negocios de alquiler de vehículos ubicados en los aeropuertos, con los que siempre acabas con la sensación de que te han estafado tal como me paso la última vez que utilicé los servicios de Europcar. Me dirijo en autobús público hasta la estación central de Palma y desde allí, tomo el primer bus que sale con dirección a Can Picafort, un emplazamiento costero cerca de Alcudia, que iba a ser desde ese momento mi "Base de operaciones". Mi alojamiento estaba previamente concertado en el Aparthotel Maracaibo, un bonito y agradable establecimiento con muy buena ubicación. El ambiente de tranquilidad que se podía respirar en el lugar, junto al trato recibido por todo su personal, me hizo sentirme muy cómodo desde el primer momento.  

Aparthotel Maracaibo

Ahora tocaba solucionar el tema del transporte para los día que iba a permanecer en la isla, la idea es la de alquilar una moto tipo trail, por la movilidad y versatilidad que este tipo de vehículo ofrece a la hora de adentrarse en los rincones más alejados e inaccesibles que en Mallorca por cierto, abundan... así que como todavía era relativamente temprano y los comercios permanecían abiertos, me doy un paseo por la calle principal en busca de mi objetivo y tras las primeras indicaciones, doy con Bernart que tiene en la zona un negocio llamado Rent a Car Bordoy Vidal que se dedica al alquiler de coches, scooters, bicicletas y unos curiosos vehículos a pedal para pasear en pareja ó con toda la familia por los paseos marítimos del lugar... y aunque en su empresa no tenían el tipo de vehículo que yo buscaba, me sirvió de intermediario con la oficina de Moto Rent ubicada en la cercana Playa de Muro y que si estaba especializada en todo tipo de motos.

En las afueras de MOTO RENT con la Yamaha XT

Así que a la mañana siguiente, ya con mi nueva montura, una flamante Yamaha XT y las cámaras listas, me dispongo a descubrir y fotografiar los encantos de Mallorca... Alcudia con sus murallas y las ruinas arqueológicas de un antiguo asentamiento romano, el Puerto de Alcudia y sus doradas playas, son los primeros enclaves que visito para después encaminarme hacia las zonas de las calas del este de la isla, Cala Rajada, Porto Cristo, Cala Mendia, Cala Millor, Cala Bona, así día tras día y rincón tras rincón me voy dejando sorprender por los tranquilos paisajes y por los acogedores pueblos que a mi entender son un reflejo del vivir sosegado de las gentes de Mallorca, que me van demostrando su talante sencillo y hospitalario a cada momento del camino.
Y al final de cada día, cuando las luces ya no me posibilitan el seguir haciendo las fotos que busco, emprendo el regreso a "casa", a mi base de Can Picafort, allí ya voy teniendo nuevos amigos y amigas, con los que compartir las experiencias de la jornada mientras tomamos unos vinos y unas tapas en El Fogón del Abuelo un bar-restaurante, muy cercano al apartamento donde me alojo.


Definitivamente, me gusta Mallorca una isla afable en sus paisajes y en el trato con sus gentes, una isla enriquecida con las costumbres y culturas de los diferentes pueblos que allí se establecieron a lo largo de la Historia, una isla que en otros tiempos, construía fortificaciones en sus costas para defenderse de los ataques piratas y que ahora cuando llega la temporada estival acoge en esas mismas costas y playas que antaño defendían, a miles de turistas que hasta allí acuden para disfrutar del clima y de la hospitalidad balear.
Una isla que ha sabido mantener y proteger su entorno sin caer en las temibles especulaciones urbanísticas que tanto daño han hecho en otras zonas turísticas del país. ...una isla, a la que sin duda tengo que volver.