Fotógrafo de viajes

Como ser un fotógrafo de viajes y no desfallecer en el intento. Apunta, dispara y...  buscate la vida!!
Para empezar, deberíamos intentar definir en que consiste ser un fotógrafo de viajes, porque la mayoría de la gente cree que los fotógrafos de viajes, estamos continuamente de vacaciones, algo así como si fueras un turista permanente. Por esta razón en cada ocasión en la que indicas, que tu labor se desarrolla en esta disciplina fotográfica, son muchos los que a manera de broma fácil, se apuntan a llevarte el trípode ó la mochila. Pero lo que la mayoría no sabe, es que en esta modalidad de fotografía, se trabaja mucho y muy duro, sin casi tiempo para disfrutar de los numerosos atractivos turísticos existentes en cada destino. Normalmente te levantas muy temprano para aprovechar las primeras luces del día y así continuas toda la jornada de un lado para otro, procurando rentabilizar el tiempo de luz, y cuando el día comienza a declinar, entonces llega lo que yo defino como el "turno de noche" y también aprovechas para realizar esas siempre espectaculares fotos del atardecer y de los ambientes nocturnos. Tampoco debemos olvidarnos, que al finalizar la jornada, cuando volvemos a la base ó al hotel, debemos descargar, almacenar las fotos obtenidas y preparar los equipos e itinerarios para el día siguiente. 
En algún viaje he coincidido con personas que me han acompañado entusiasmados en parte de algún recorrido y que normalmente al llegar el mediodía, han preferido sentarse en una terraza donde poder disfrutar de la buena gastronomía y de los caldos del lugar,  dejándome solo de nuevo, para que siguiera pateando las calles ó los caminos, con todo el pesado equipo de fotografía a mis espaldas, incluido el trípode. Llegado a este punto, debemos dejar muy claro que no se debe confundir a un fotógrafo de viajes con los turistas que viajan y toman fotos. 

En los jardines del Taj-Mahal, una de las más importantes Maravillas del Mundo.

En una ocasión leí un artículo donde se afirmaba que la diferencia entre unos y otros, podía entenderse con una sentencia parecida en la esencia, a la que aquí expongo: "El fotógrafo viajero, debe desenvolverse con los ojos abiertos y la boca cerrada, mientras que el turista suele hacerlo, con la boca abierta y los ojos cerrados". Según he podido constatar posteriormente, la primera parte de esta frase que tanto me gusta, es atribuida al explorador Arthur John Byng Wavell, primer inglés que viajo hasta La Meca, disfrazado de árabe, que en su libro A modern pilgrim in Mecca and a Siege in Sanaa comenzaba sus consejos sobre como viajar disfrazado, con la siguiente frase: Lo más importante es mantener los ojos abiertos y la boca cerrada...

La acción y la aventura, suele ser una constante de nuestro trabajo.

Así que para concluir con esta primera parte descriptiva de la profesión y teniendo en cuenta que para ser fotógrafo de viajes, además de grandes dosis de trabajo y sacrificio, se necesitan amplios conocimientos sobre la técnica y equipos fotográficos, solo nos resta añadir que el principal requisito para seguir manteniendose en esta profesión, es la pasión, una pasión con mayúsculas, que necesitaremos para superar las dificultades que nos vamos encontrando en el camino y que una vez superadas, pasaran a ser una experiencia más en nuestro anecdotario personal y profesional.

Una profesión que se desarrolla entre diversas actividades y escenarios

Porque en realidad, son muchas las ocasiones, en las que nuestra integridad física, corre peligro... somos un poco como aquellos exploradores de épocas pasadas, siempre a merced de los fenómenos de la naturaleza, los accidentes geográficos, las dificultades de los transportes y la hostilidad de ciertos seres humanos y animales. También es cierto, que entre tanta dedicación, siempre queda un espacio para el solaz y el disfrute. Que bien sienta un buen baño, seguido de una exquisita comida y unas horas de reparador descanso, en una habitación cómoda y limpia, después de varios días de ruta fotográfica, por el desierto, la selva ó la urbe, dependiendo de la zona por la que hayamos estado viajando.

Pero aún nos queda reflexionar sobre lo más importante, la parte económica y financiera, la de como subsistir y mantenerse en un mercado que cada vez es más competitivo e infravalorado y en el que además ya se entremezcla lo amater con lo profesional. No olvidemos que para viajar hay que afrontar unos importantes costes de desplazamientos, alojamientos y del propio mantenimiento personal. Para poder asumir estos importantes  gastos, debemos tener resuelta la comercialización de nuestro trabajo documental y aquí es donde surge el mayor problema. Con un mercado editorial que cada vez sufre más los efectos devastadores de esta crisis económica en la que nos hemos visto inmersos en los últimos años y con la competencia añadida de las numerosas ofertas de imágenes que se vierten al mercado a través de los micro stocks fotográficos y galerías de almacenamiento y publicación gratuitas, tales como flickr ó instagram que se nutren en gran medida de una sociedad repleta de aficionados a la fotografía, que aprovechando la facilidad con que se pueden realizar fotos hoy en día, gracias a la cada vez más sofisticada tecnología digital, inundan el mercado a cambio de un me gusta ó en el mejor de los casos con ínfimas e irrisorias compensaciones económicas.