Una boda en Marrakech


En Marruecos, el matrimonio es uno de los acontecimientos sociales más importante y por esta razón las bodas, que suelen durar de tres a siete días, se celebran con el máximo de lujo posible y durante todos los días que dura la celebración, los invitados son obsequiados con todo tipo de exquisiteces gastronómicas, en los que predominan los dulces y el té, mientras se suceden los bailes y los diferentes rituales tradicionales, como el de la Henna, una fiesta solo para las mujeres, en la que a la novia se le pintan en pies y manos, llamativos símbolos protectores con el tinte de esta planta. En los sucesivos días se siguen celebrando alegres banquetes, en los que los novios van luciendo diferentes y vistosas indumentarias, especialmente la novia que constantemente va cambiando de traje, hasta llegar al último día cuando la novia entra sobre un pequeño trono que portan a hombros, los hombres de la familia, para celebrar el compromiso final de la boda, entre bailes y alegría.

Entrada al Salón de fiestas del hotel  y mujeres escondiendo el rostro ante mi cámara

Durante mi estancia en Marrakech, tuve la oportunidad de ver parte de una boda marroquí y digo parte, porque estas bodas duran varios días y yo solo pude asistir a una de las fiestas que casualmente se celebraban en uno de los salones destinados a celebraciones de los que disponía el hotel en que me alojaba. Esa noche no había llegado muy tarde y  después de la cena, cuando ya estaba en la quietud de mi habitación descargando el material fotográfico y recomponiendo las notas tomadas durante el día, comenzaron a llegarme los rítmicos y elevados sonidos de trompetas, timbales, panderetas y qraqebs (una especie de castañuelas marroquí), todos ellos instrumentos característicos de las fiestas populares.

Los músicos de la bienvenida

Pronto comprendí que con esta ensordecedora música no iba a poder dormir, al menos de momento, por lo que decidí acercarme hasta la zona de donde provenía la música, para averiguar que es lo que sucedía y al comprobar que se trataba de una de las celebraciones de una boda, me pareció de inmediato una buena oportunidad para documentar mi trabajo fotográfico, de esta manera me acerque hasta los responsables del evento, para solicitarles permiso para fotografiar... y finalmente, sí que podía fotografiar todo lo relacionado con la bienvenida de los protagonistas, pero no podría entrar al recinto con los invitados, así que volví para buscar mi cámara y allí me quedé, junto al comité de bienvenida para gozar del espectáculo, hasta bien entrada la noche.